La deuda tiene peor fama que una auditoría sorpresa. Y aun así, muchas veces no es el problema: el problema es pedir crédito para tapar una fuga que nadie quiere medir.
La nota de El Economista pone el dedo en una llaga muy común para PyMEs y emprendedores: solicitar un crédito puede servir para comprar maquinaria, abrir una sucursal o aumentar ventas; pero si se usa para cubrir gastos recurrentes sin resolver los problemas financieros, puede poner en riesgo el negocio. Esa frase debería estar pegada en la pared de más de una oficina administrativa, justo al lado del calendario fiscal.
Mi tesis es incómoda: si tu contabilidad no puede explicar para qué quieres el crédito, tu negocio no está listo para endeudarse. No porque la deuda sea mala. Porque endeudarse a ciegas es convertir un problema operativo en un problema financiero con intereses.
La deuda no es pecado; la improvisación sí
José Padilla Ezeta, vicepresidente del Consejo de la Asociación de Emprendedores de México, señala en la nota que uno de los obstáculos para acceder al financiamiento es la percepción de que endeudarse es negativo, ligada a falta de educación financiera y experiencias de crisis económicas. Tiene razón: en México cargamos una especie de trauma colectivo con la palabra “crédito”. Suena a embargo, a llamada incómoda, a mensualidad que llega antes que el cliente pague.
Pero del otro lado está el emprendedor que romantiza el préstamo como si fuera gasolina mágica. “Con esto ya salimos”. No. Con esto compras tiempo, capacidad o inventario. Si no hay margen, control de flujo y cobranza decente, lo único que compras es una cuenta por pagar con traje de oportunidad.
Ejemplo hipotético de oficina: llega una PyME con ventas creciendo, pero sin saber cuánto le cuesta realmente entregar cada pedido. Quiere crédito para “aguantar la operación”. Revisas papeles: facturas emitidas, proveedores atrasados, nómina al límite, cuentas por cobrar envejecidas y ningún flujo proyectado. Eso no es una solicitud de financiamiento. Es un grito contable.
El contador no debe ser notario del desastre
Aquí entra nuestra chamba. No somos los que “sacan los estados financieros” para cumplirle al banco y ya. Si hacemos eso, nos volvemos decoradores de números. El contador debe incomodar antes de que el crédito se firme.
Antes de pedir dinero, una PyME tendría que revisar, mínimo, tres cosas muy terrenales:
- Destino del crédito: maquinaria, sucursal, inventario, capital de trabajo o gasto corriente. No es lo mismo invertir que anestesiar pérdidas.
- Capacidad de pago: flujo mensual real, no el optimista. El que queda después de nómina, impuestos, proveedores y cobranza tardía.
- Información contable confiable: estados financieros actualizados, conciliaciones bancarias, cuentas por cobrar y por pagar limpias. Sin eso, cualquier análisis es horóscopo con Excel.
La nota también menciona que créditos de instituciones como Nafin y Bancomext pueden llegar hasta 30 millones de pesos para mipymes, pero el dato importante no es el monto máximo. El dato importante es que el acceso al crédito exige disciplina. Y la disciplina no empieza en la solicitud; empieza meses antes, cuando registras bien tus ingresos, separas finanzas personales del negocio y dejas de usar la tarjeta empresarial como caja chica emocional.
El riesgo fiscal también se sienta en la mesa
Un crédito mal usado no solo pega en bancos. También ensucia decisiones fiscales. Si el dinero entra, se gasta y nadie documenta correctamente el destino, después vienen las confusiones: pagos sin comprobante, compras no deducibles, movimientos bancarios difíciles de explicar, socios metiendo y sacando dinero como si la cuenta fuera alcancía familiar.
Y ahí el SAT no necesita imaginación. Le basta ver depósitos, egresos y CFDI que no amarran.
El crédito debe financiar una estrategia, no esconder una mala administración.
La opinión incómoda es esta: muchas PyMEs no necesitan primero un crédito; necesitan una contabilidad que les diga la verdad sin maquillaje. Luego, si los números aguantan, que venga el financiamiento. Pero pedir prestado para no mirar el desorden es como comprarle perfume a una fuga de gas.
Antes de firmar deuda, prende la luz contable. Si duele lo que ves, mejor: todavía estás a tiempo.
Fuente: El Economista. Contenido informativo y de opinión; cada caso es distinto.
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