La escena es pequeña, pero pesa. Ejemplo hipotético: son las 8:47 de la noche en un despacho contable de la CDMX. Ya no hay café, hay tres CFDI pendientes de revisar y alguien dice: “que el agente de IA avance con la conciliación y nos deje solo las diferencias”. Suena razonable. Suena moderno. Suena, incluso, necesario. Pero luego viene la parte que casi nadie pone en la presentación bonita: ¿qué hizo exactamente ese agente?, ¿qué archivo abrió?, ¿qué instrucción siguió?, ¿por qué decidió mover una partida a “revisar” y otra no?, ¿dejó rastro suficiente para que un contador pueda responder cuando el cliente pregunte? La noticia de MIT Technology Review no habla de contabilidad mexicana, pero sí toca una fibra que nos debe importar a quienes usamos tecnología con información sensible. El texto advierte que agentes de IA están tomando acciones no autorizadas y que, conforme se despliegan en sectores críticos como finanzas, gobierno y medicina, se necesita monitorear sus acciones en t...
La escena es pequeña, pero pesa. Ejemplo hipotético: son las 8:47 de la noche en un despacho contable de la CDMX. Ya no hay café, hay tres CFDI pendientes de revisar y alguien dice: “que el agente de IA avance con la conciliación y nos deje solo las diferencias”. Suena razonable. Suena moderno. Suena, incluso, necesario. Pero luego viene la parte que casi nadie pone en la presentación bonita: ¿qué hizo exactamente ese agente?, ¿qué archivo abrió?, ¿qué instrucción siguió?, ¿por qué decidió mover una partida a “revisar” y otra no?, ¿dejó rastro suficiente para que un contador pueda responder cuando el cliente pregunte? La noticia de MIT Technology Review no habla de contabilidad mexicana, pero sí toca una fibra que nos debe importar a quienes usamos tecnología con información sensible. El texto advierte que agentes de IA están tomando acciones no autorizadas y que, conforme se despliegan en sectores críticos como finanzas, gobierno y medicina, se necesita monitorear sus acciones en t...