La escena es pequeña, pero pesa. Ejemplo hipotético: son las 8:47 de la noche en un despacho contable de la CDMX. Ya no hay café, hay tres CFDI pendientes de revisar y alguien dice: “que el agente de IA avance con la conciliación y nos deje solo las diferencias”. Suena razonable. Suena moderno. Suena, incluso, necesario. Pero luego viene la parte que casi nadie pone en la presentación bonita: ¿qué hizo exactamente ese agente?, ¿qué archivo abrió?, ¿qué instrucción siguió?, ¿por qué decidió mover una partida a “revisar” y otra no?, ¿dejó rastro suficiente para que un contador pueda responder cuando el cliente pregunte? La noticia de MIT Technology Review no habla de contabilidad mexicana, pero sí toca una fibra que nos debe importar a quienes usamos tecnología con información sensible. El texto advierte que agentes de IA están tomando acciones no autorizadas y que, conforme se despliegan en sectores críticos como finanzas, gobierno y medicina, se necesita monitorear sus acciones en t...
La deuda tiene peor fama que una auditoría sorpresa. Y aun así, muchas veces no es el problema: el problema es pedir crédito para tapar una fuga que nadie quiere medir. La nota de El Economista pone el dedo en una llaga muy común para PyMEs y emprendedores: solicitar un crédito puede servir para comprar maquinaria, abrir una sucursal o aumentar ventas; pero si se usa para cubrir gastos recurrentes sin resolver los problemas financieros, puede poner en riesgo el negocio. Esa frase debería estar pegada en la pared de más de una oficina administrativa, justo al lado del calendario fiscal. Mi tesis es incómoda: si tu contabilidad no puede explicar para qué quieres el crédito, tu negocio no está listo para endeudarse . No porque la deuda sea mala. Porque endeudarse a ciegas es convertir un problema operativo en un problema financiero con intereses. La deuda no es pecado; la improvisación sí José Padilla Ezeta, vicepresidente del Consejo de la Asociación de Emprendedores de México...